ARTÍCULOS PARA REFLEXIONAR: LA GIMNASIA RÍTMICA EN LA ESCUELA VS IDENTIDAD DE GÉNERO

ARTÍCULOS PARA REFLEXIONAR

LA GIMNASIA RÍTMICA EN LA ESCUELA VS IDENTIDAD DE GÉNERO.


A veces, lo que parece tan simple como practicar gimnasia rítmica puede ser totalmente decisivo para saber quiénes somos y tener una idea sobre el mundo que queremos construir.

Este texto nos enfrenta a una realidad tan evidente como dolorosa: el cuerpo, esa primera forma de expresión que todos compartimos, ha sido durante toda la historia (incluso en la actualidad) condicionado por etiquetas impuestas desde fuera, por normas inamovibles que han dicho qué movimientos son "de niñas" y cuáles son "de niños", qué se puede sentir y qué no, dependiendo del género con el que naciste.

Leer sobre cómo la gimnasia rítmica fue naciendo, desde su origen, para lo "femenino", y cómo aún hoy se arrastra esa exclusividad, duele. Duele porque nos habla de una libertad aprisionada, especialmente para quienes, siendo hombres, desean utilizar su cuerpo de manera sensible, artística, expresiva. Y duele porque también nos enseña cómo hemos limitado las posibilidades de desarrollo emocional y corporal de generaciones enteras, solo por no cuestionar estereotipos heredados de las generaciones pasadas, anticuadas y con ideales que privan de libertad a ambos géneros.

Esta reflexión no es solo sobre un deporte, es sobre está dirigida la sociedad y hacia donde está yendo. Es un llamado urgente a revisar como está planteada la educación y de qué forma enseñamos a los más pequeños, a mirar con otros ojos la educación física y entenderla no como un espacio de reproducción de roles, sino como un terreno fértil para sembrar respeto, empatía, creatividad y libertad. Un terreno en el que expresarse sin temor al miedo del qué dirán o qué pensarán.

Aceptar la gimnasia rítmica como una experiencia enriquecedora para cualquier género no es un acto de “inclusión forzada”, como algunos (que últimamente son cada vez más, negacionistas del progreso los llamaría yo) se atreverían a llamar. Es, en realidad, un acto de justicia. Es reconocer que todos tenemos derecho a movernos, a sentir, a expresarnos sin miedo, sin burla, sin prejuicios.

Ojalá llegue el día en que ningún niño tenga que dejar de bailar por temor a ser juzgado, y ninguna niña se sienta limitada a moverse como se espera de ella. Que la escuela, en todos sus aspectos, sea ese espacio seguro donde los cuerpos puedan narrarse a sí mismos con verdad, belleza y dignidad.

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